Prem Rawat –
Déjenme, entonces, quedarme un rato
en compañía de lo Real.
Déjenme permanecer cerca de mi corazón,
déjenme alejarme de la confusión y de la duda.
Déjenme alejarme del miedo.
Y déjenme proclamar mi odio hacia todas esas cosas.
Quizás nunca lo haya hecho.
Cada vez que el odio llamaba a mi puerta, allí estaba yo:
«¿Sí? ¿Qué vamos a odiar hoy?
¿Sobre qué hemos decidido confundirnos hoy?»
«Odiemos esto, odiemos aquello…»
. . . . . . . . . . .
Lugar peculiar, esta cosa llamada «mundo», ¿eh?
Peculiar.
¿Cuánto tiempo haría falta realmente
para que el fuego del odio empezara a arder en este mundo?
Muy poco.
Aquí es donde viven ustedes.
¡Y qué contraste tan increíble!
Este panorama asombroso… y una respiración dentro de ustedes.
Todo ese tumulto… y la paz más extraordinaria.
¡Qué contraste! ¡Paz!
¡Qué tristeza tan increíble y qué alegría tan increíble!
Separadas por apenas cinco centímetros.
¡Qué oportunidad tan increíble, qué ocasión tan extraordinaria!
No tener que quedarse con las manos vacías.
Si no quieren marcharse con las manos vacías,
más vale que no tengan las manos vacías ahora mismo.
Hay que empezar a aferrarse a ello.
¡Cosechen!